Aquí empieza una lección.
Si has tenido
oportunidad de estar en uno de mis
seminarios o talleres, habrás oído hablar de la alegría de dar. De igual manera, has escuchado del fenómeno que se
produce cuando una persona hace un donativo muy significativo para una causa.
Si bien hay referencias en el Nuevo Testamento que nos dicen, que cuando los fondos son dados en abundancia y con sacrificio, ellos de alguna manera vuelven al donante, esto también se menciona en el Corán y la Torá; de hecho en el Antiguo Testamento se encuentra quince veces esta cita. Yo sé que esto sucede. En mi libro, Mega Gifts (Mega Donativos) se encuentran testimonios de una docena de personas.
Leer más
Cada vez que entrevisto a un filántropo, yo le hago la misma
pregunta: "¿Será posible que cuando uno da un donativo importante a una causa,
más tarde que temprano el dinero vuelve a nuestro bolsillo? Y no me refiero a la
satisfacción de dar o qué tan bien te hace sentir esto espiritualmente. Me
estoy refiriendo al dinero contante y sonante. La respuesta de mi entrevistado es
siempre la misma. “El dinero en efecto, vuelve.” Como dice el dicho: Dinero llama a dinero.
El otro día constaté esta extraordinaria verdad. En una reciente visita a Londres, me quedé de ver con uno de mis clientes y mientras platico con Winston me entero, que Winston dona 500.000 libras al año (unos 800.000 dólares americanos) a mi cliente… y por igual, también dona a un montón de diversas organizaciones.
Hablemos de su donativo. Resulta que da un 30 por ciento de sus ingresos a distintas obras benéficas y una cantidad adicional a su iglesia. Le pregunté si es difícil aportar recursos cuando hay una economía a la baja. "Yo no creo en eso de recortar, dice Winston, “¡Me encanta dar! ¡Es mi pasión!.” Y la verdad es que tengo miedo de tener que parar un día y decir “Alto”. Desde que empecé a dar a este nivel, mis ingresos se ha incrementado dramáticamente. "
Fin de la lección.